Disciplina de mercado

Definición de disciplina de mercado

La disciplina de mercado obliga a los bancos, las instituciones financieras, los países soberanos y otros actores importantes del sector financiero a realizar sus actividades teniendo en cuenta los riesgos para las partes interesadas. La disciplina de mercado es un fomento de la transparencia y la divulgación de los riesgos asociados a una empresa o entidad. Funciona de manera concertada con los sistemas de regulación para aumentar la seguridad y la solidez del mercado.

En ausencia de una intervención directa del gobierno en una economía de libre mercado, la disciplina de mercado proporciona mecanismos de gobernanza tanto internos como externos.

Romper la disciplina del mercado

Mediante el apoyo a la divulgación de información y a unos sistemas de información financiera claros, la disciplina de mercado aumenta la información disponible para el público y fomenta la publicación de datos oportunos sobre los activos, los pasivos, los ingresos, los beneficios o las pérdidas netas, los flujos de caja y otra información financiera de una empresa. Además, la información cualitativa que rodea a los objetivos de una empresa, su gestión y cualquier presión legal también está más disponible. Estos datos ayudan a reducir la incertidumbre, aumentar la responsabilidad y promover la función del mercado como un intercambio entre prestamistas y prestatarios.

Un ejemplo de disciplina de mercado es el apoyo público al aumento de los requisitos de capital. Los bancos y otras instituciones de depósito deben disponer de liquidez para un determinado nivel de activos. Mientras que organismos reguladores como el Banco de Pagos Internacionales, la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC) o la Junta de la Reserva Federal establecen normas para los requisitos de capital, la disciplina de mercado empuja a los bancos a mantenerlas e incluso a ampliarlas. A su vez, esto puede aumentar la confianza del público en sus bancos.

Disciplina de mercado y lecciones de la crisis financiera de 2008

La crisis financiera de 2007-08 fue una crisis crediticia que se salió de control, debido a la incertidumbre que rodea a los préstamos titulados y a los valores respaldados por hipotecas (MBS). Estos préstamos presentaban defectos estructurales, como la falta de una investigación adecuada de los prestamistas y unos tipos de interés iniciales que, en muchos casos, garantizaban el impago. Las agencias de calificación, como Moody’s Investors Service y Fitch Ratings, fueron generosas a la hora de otorgar fuertes calificaciones a productos de baja calidad. Los que desarrollaron los productos no pusieron el precio adecuado a sus riesgos. Cuando la necesidad de capital líquido era elevada en el sistema financiero mundial, este colapso hipotecario congeló la economía. La situación era tan grave que la Reserva Federal tuvo que inyectar miles de millones en el sistema para salvarlo; aun así, Estados Unidos acabó en la Gran Recesión.

Desde entonces, se han implantado nuevos mecanismos de disciplina de mercado, como medidas de información mejoradas, auditorías, una mejor gobernanza interna (incluida una combinación diversa de miembros independientes del consejo de administración), mayores requisitos de garantías y márgenes, y acciones de supervisión más intensas.

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